Rojos en la Casa Blanca

Los hechos: funcionarios de la Casa Blanca telefonean furiosos a los directivos de Citigroup y les ordenan devolver el Dassault Falcon 7X que habían mercado como vehículo compartido aéreo de la cúpula del GB (Gigante Bancario). Todo se explica porque la Casa Blanca regaló hace poco 45.000.000.000 dólares al GB. Para que se hagan una idea, eso supone 7 dólares contantes y sonantes por cada hombre, mujer y niño que habita en nuestro planeta. El Grameen Bank de Bangla Desh cambia la vida de muchas familias sin recursos prestandoles más o menos la misma cantidad. Pasada esta fácil oleada de fácil demagogia populista, hay que decir que en esta ocasión la Casa Blanca no tiene razón. El avión privado de negocios no es un lujo, sino una necesidad para los directivos de las grandes empresas. Castigar a los altos ejecutivos sin avión hará que la vida para ellos carezca de alicientes, dejarán de sostener la economía sobre su hombros en jornadas de trabajo de 16 horas diarias y el mundo se irá a pique. Como declara Julius W. Schneider, de la Federación de personas que trabajan más de 16 Horas llevando Corbata (FT16), "El jet privado o semiprivado es la única compensación que tenemos a nuestras prolongadas jornadas de trabajo agotador. La decisión de la Casa Blanca es fruto del resentimiento social. ¿Cuál será el siguiente paso, reducir nuestros sueldos?". Hay que decir, además, que el Falcon 7X es un avión magnífico, pero bastante modesto si se compara con el Airbus 380 de 600 toneladas que un inidentificado jeque árabe ha comprado para convertirlo en su palacio aéreo personal. Pero el hecho gravísimo subsiste: prohibir a los altos directivos de los Gigantes Bancarios que disfruten de sus jets privados es un extremismo anarcomarxista puro y duro. Un consejo al presidente Obama: recuerde el triste fin de su antecesor español, Manuel Azaña, el hombre que intentó quitarles sus caballos a los militares españoles.








